Opinión

TREN POLÍTICO/TIEMPOS CONVULSOS

*Walter Olivera Valladares / @WalterOliverav*

Cuando muchos analistas vaticinaban el colapso de la izquierda en el continente americano con la caída electoral del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, contra todo pronóstico, ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil el 25 de octubre pasado y aseguró su cuarto mandato no consecutivo, y se prepara para la toma de posesión el 5 de enero del 2027.

Sin embargo, es inocultable que la victoria no representa que el gigante de la izquierda latinoamericana se esté robusteciendo o represente el renacimiento del populismo dictatorial en el continente. Por el contrario, Lula repetirá en el poder en medio de un país profundamente dividido.

Pretendió aplicar nuevamente la estrategia de encarcelamiento de su inmediato adversario, Flávio Bolsonaro, quien casi lo derrota en el camino presidencial, pero en un gran vuelco perdió y tuvo que salir furtivamente de Brasil tras ser acusado de lavado de dinero y a punto de ser encarcelado por Lula como ocurrió con su padre Jair Bolsonaro.

No hay duda que fue una histórica remontada de Lula luego de perder la primera vuelta contra Flávio Bolsonaro. Analistas consideran que esta victoria representa una derrota monumental para toda la derecha internacional.

¿Qué pasó? Tal parece que la descarada alianza entre el presidente Trump y Bolsonaro, las presiones económicas para obligar al gobierno de Brasil a exonerar a Jair Bolsonaro, padre de Flávio y condenado a 27 años de prisión; la ideología pro Bukele en materia de seguridad, así como la intención de adherir a los brasileños al radicalismo político del argentino Milei, tuvo el efecto contrario a lo esperado, especialmente entre la juventud votante de aquel país que reviró de forma contundente los resultados.

Al final los comicios favorecieron a Lula con 51.79% de los votos mientras que 48.21% fueron para Flávio, es decir más de tres puntos porcentuales lo que representa una diferencia de más de 5 millones de sufragios. Con esto Da Silva es el primer presidente brasileño en lograr cuatro mandatos, lleva 12 años en el poder sumaría 16.

Pero el triunfo del izquierdista llega marcado por la debacle financiera, de entrada, la Bolsa de Brasil cayó 14% en tanto el dólar subió en un solo día 8% frente a la moneda de Brasil (el Real).

Aunque la mayoría de los presidentes latinoamericanos reconocieron el triunfo de Lula, a pesar de casi todos son de derecha, queda claro que se avecinan tiempos convulsos para el gigante sudamericano.

La nación está prácticamente partida a la mitad, lo que ya nos habla de un gobierno extraordinariamente dividido, considerando que tendrá un presidente de izquierda acotado por un Congreso en el que los partidos de centroderecha y derecha tienen la supremacía. Hablamos que de un 59% de derechistas por sólo 24% de la izquierda.

Lo mismo ocurre en el Senado, donde el brazo fuerte es el Partido Liberal al que pertenecen los Bolsonaro. Así que el ámbito legislativo está casi perdido para Lula.

Pero aún más grave es el descontrol en el resto del país, pues el Partido de los Trabajadores, de Lula sólo gobernará en cuatro de 27 estados, el resto los controlará la derecha.

Y semejante panorama hay en las alcaldías de 5 mil 571, el partido de Lula sólo controla el 4.5%, unos 252 municipios.

Además, el país tiene elevados niveles de deuda pública con estrechos márgenes fiscales para administrar la economía en el corto y mediano plazo. Lo que aumenta la presión en el escenario internacional porque Lula estaría obligado a restaurar las relaciones diplomáticas y comerciales con Estados Unidos bajo la administración de Trump, mismas permanecen bajo tensiones por aranceles y posturas ideológicas sobre el hemisferio occidental.

Por otra parte, se complican las relaciones con otras naciones sudamericanas que tienen gobiernos con liderazgos más conservadores. Así que este cuarto triunfo presidencial no viene con los mejores augurios bajo el brazo.

Hay marcada animadversión en lo local y lo internacional, casi nulo control del territorio y muy escaso margen de maniobra para la aplicación de nuevas políticas públicas. Y tal como ocurrió anteriormente, desde el exilio Flávio ya prepara sus impugnaciones por lo que considera unos comicios fraudulentos.

Así que, entre el déficit fiscal grave, endeudamiento de más del 80%, legítimas preocupaciones por insostenibilidad financiera, desplome de las inversiones, inminentes conflictos entre poderes y riesgos de ingobernabilidad, ¿será posible que los brasileños superen el actual clima de hostilidad que los divide?

Comparte

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *