PERIFERIA QUE SE ELEVA
Francisco Montfort Guillén
Desde la conformación del proceso que fue llamado “industria del conocimiento” y después con la llamada “sociedad del conocimiento”, el mundo surgido de la reorganización mundial después de la Segunda Guerra cambió drásticamente. Ya no era necesario dominar territorialmente nuevos espacios. y ni siquiera hacer la guerra. Era suficiente con entender las claves del nuevo dominio del poder a escala del mundo. Se trataba de producir grandes cantidades de seres humanos con las máximas capacidades intelectuales y físicas en centros de investigación y universidades con el máximo de exigencias tanto en los maestros como en los alumnos y autoridades. La competencia y la competitividad, la productividad y el alto rendimiento configuraban las nuevas fuerzas productivas que, en nuestro país, sobre todo desde la izquierda, de criticaban y menospreciaban, se declaraban ideologías del capitalismo y fuerzas destructivas de las tradiciones que nos encerraban a mirarnos el ombligo.
Con la aparición de Donald Trump esos cambios pasaron de las academias a las luchas económicas, políticas, culturales y ahora las nuevas “guerras de guerrillas” a través de los drones, que traen de cabeza a Rusia y a los Estados Unidos. El mundo empieza a reaccionar. A diferente ritmo y de acuerdo con sus realidades específicas. Apareció China como gran actor mundial gracias a que supo aprovechar, el primero, la nueva concepción de la sociedad del conocimiento. Europa se rearma. Aparecen nuevas batallas geoestratégicas y nuevas armas. Cambiaron la educación y la investigación en muchos países. En España todas las fuerzas políticas empiezan a entender el peligro de que siga gobernando Sánchez con el PSOE y buscan una gran unión nacional para refundar su Estado democrático. En México en lugar de corregir errores, dimos un salto tremendo hacia el pasado que nos conduce a la bancarrota moral y posible desintegración nacional.
¿Cómo recuperar algo del tiempo perdido durante los últimos 15 años? El único signo novedoso es que a pesar del Estado absolutista que se conformó durante los últimos ocho años, hoy tenemos nuevos partidos políticos. Después del marasmo político/criminal que sacudió el sistema desde 2018 y una sociedad en shock, los mexicanos empiezan a reaccionar. Hacen esfuerzos por reconducir su destino. No ha sido fácil despertar. Tampoco lo será cambiar la pesadilla que vivimos. Pero la oportunidad que se abre deberá ser aprovechada al máximo si deseamos verdaderamente crear una mejor realidad para todos los mexicanos. Porque es la nación entera la que corre todavía los riesgos de la anomia, la desintegración, de la guerra fratricida y del amenazante largo periodo del dominio absoluto del Estado absolutista criminal morenista.
Desde luego no todos los nuevos partidos tienen las mismas posibilidades de realizar la proeza de la regeneración del ser mexicano. Pero todos podrían contribuir, algunos con sus críticas al statu quo y apoyos a los cambios positivos, pues es claro que la única que puede cambiar nuestro destino fatídico es la organización SOMOS MÉXICO. Tan es así en la perspectiva del poder, que su registro ha quedado condicionado, por el momento, a cambiar su nombre, su logotipo, sus colores identitarios. Mayúscula estupidez dar registro a una nueva fuerza política y después predeterminarlo con estas condicionantes. ¿Será su símbolo de nacimiento: nacer y cambiar constantemente?
Para esta fuerza política, pienso, sólo debiera existir un gran proyecto resumido en un propósito básico: hacer, contribuir y guiar el camino para que nazca ese algo que nos hace falta: el nuevo ser mexicano. Primero porque debemos comprender que en las circunstancias actuales de desmoronamiento de la ética pública, la moral republicana y las virtudes cívicas es indispensable, insustituible y urgente pensar en construir otro ser social, que recupere esos valores básicas y añada aquellas cualidades que convertirán al mexicano en un ser humano destacado por su naturaleza social y sus dones o virtudes individuales, trabajadas colectivamente desde el inicio de la vida para triunfar en todos los ámbitos de la vida social: las humanidades, las ciencias, las técnicas, las artes, los deportes.
Lo cierto es que, con el actual Estado, no podemos contar para emprender un camino de renovación y mejoramiento de la vida espiritual y material de la vida de los seres humanos mexicanos. Y la creación de un nuevo Estado sólo puede tener sentido si colocamos en el centro de nuestras preocupaciones el ser humano. Con este centro/eje se podrán ir definiendo las tareas que hagan posible la sustitución del Estado absolutista por un Estado democrático, es decir, la creación de un Estado poderoso para enfrentar los desafíos que imponen las diferentes transnacionalizaciones del mundo contemporáneo, en cada uno de los sectores de la vida económica y social, cultural y científica, educativa y deportiva y contando; y al mismo tiempo, un Estado sometido a los designios de una poderosa sociedad civil pujante y bien educada, que redefina su propio futuro, pues el Estado sería solo su mecanismo de control, guardando entre ellos un equilibrio solidario, siempre en riesgo por la naturaleza del poder, pero lo suficientemente fuerte para que los beneficios del desarrollo económico, la modernización, la democracia alcancen a todos los sectores sociales de todo el territorio federal.
Retomo algunas ideas de Michel Onfray para iniciar una reflexión de los propósitos del nuevo partido, lo que sería su utopía o su imagen objetivo y el fundamento de sus principios, sin que esto signifique ignorar que, en los actuales momentos, frente a un poder político/criminal/militar de carácter absolutista, patrimonialista y francamente autocrático las batallas requieren de un pragmatismo inteligente. Y pues no existe un arma más práctica y potente que las buenas ideas, no precisamente las mías, sino las de todos los mexicanos que deseamos salir del estado de barbarie en que nos ha sumido Morena.
Dice Michel Onfray: <<Si (tenemos un Calígula, que ha todos ha humillado con sus ambiciones, vicios y defectos) es porque (deberá saber) que en el Nuevo México habrá algo muy apreciado: se permitirá formar al ser humano mexicano (como) un ser de conocimiento y de cultura, de verbo y de decoro…Hay que devolver a la retórica su verdadero poder y su función primitiva, que consiste en construir bien el pensamiento. Es el discurso de un método>> (pp.25/26). México tiene que crear al ser al que se educa: <<no se puede pensar sin aprender a pensar y no se aprende fuera de una relación que implica a un instructor…. Y a un educando, es decir, a un ser que se educa>>.
<<El maestro debe ser un ser moralmente irreprochable…debe carecer de vicios y no tolerar ninguno, debe ser amable pero no débil…desconocerá la cólera…sabrá despertar la conciencia…evitará la demagogia, pues un maestro no debe hablar al gusto de sus alumnos, sino éstos al gusto del maestro>> de acuerdo con Quintiliano.
Un mexicano debe hablar correctamente, fruto de que piensa correctamente, no necesariamente convertirse en filósofo. Recuerde usted los dislates de AMLO y de Claudia, La Patita, que no se saben expresar porque no saben pensar. Requerimos de una educación, de acuerdo con Quintiliano:
<<El hombre que puede realmente desempeñar su papel de ciudadano y que es capaz de administrar los asuntos públicos y privados, el hombre que tiene las aptitudes necesarias para dirigir la ciudad con sus consejos, para darle un fundamento con leyes, para reformarla con sus decisiones en materia de justicia, ese hombre, evidentemente, solo puede ser el orador>>
práctica…Por eso la filosofía no puede ser una sofística de tipo griego…Para hablar un mexicano es necesaria la virtud; para hacer la virtud es necesario el mexicano; para hacer la virtud mexicana o el México virtuoso es necesario un filósofo formado en la escuela de la retórica. Esa disciplina enseña a pensar bien para actuar bien y comportarse bien. Quintiliano podría afirmar que propone una especie de cogito, que podríamos formular así: hablo, luego existo>>.
En fin, que, junto con la solución de problemas ingentes, sobre todo los económicos para evitar un colapso social, la gran y primera batalla de SOMOS MÉXICO debería ser crear una nueva educación, con un nuevo método, y en esa tarea nos puede ayudar el pensamiento de Edgar Morin. Sin un nuevo modelo educativo, todos los partidos seguirán haciendo esfuerzos inútiles para hacer del país un Estado democrático exitoso. En las ideas expresadas he retomado textualmente la obra de Michel Onfray, Sabiduría, Paidós, Barcelona, España, 2022. Y donde dice México y mexicanos debe leerse Roma y romanos.
francisco.montfort@gmail.com
