Cultura

OSN EMPRENDE RESCATE DE REPERTORIO Y MEMORIA MUSICAL

Agencia Reforma

Ciudad de México 25 junio 2026.- Partituras ilegibles, acervos dispersos y derechos en manos de familias que temen perder la obra.

 En ese escenario, y rumbo a su centenario en 2028, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) avanza en el rescate del repertorio sinfónico mexicano y en la construcción de una memoria histórica hoy inexistente.

 Desde febrero de 2023, con Ludwig Carrasco como titular, la agrupación ha programado 150 obras de compositores nacionales.

 Al arrancar, recuerda, hubo escepticismo dentro de la propia orquesta: se temía que un exceso de música mexicana alejara al público.

 «Queremos que venga el público, no lo queremos ahuyentar», le advirtió alguien.

 La respuesta de la audiencia despejó el temor, asegura Carrasco. Lejos de espantarse, la gente pidió más, y no sólo repertorio mexicano, sino también música contemporánea difícil de encontrar en otro lado.

 El reto mayor, sin embargo, estuvo en los archivos.

 «Creímos que iba a ser lo más fácil y tal vez ha sido lo más difícil. Los acervos no están digitalizados, no están organizados en muchos casos, están dispersos. Los herederos están batallando mucho para que subsista la música de sus padres, sus abuelos, de la familia», explica en entrevista.

 Esa precariedad editorial viene de tiempo atrás.

 «Llevamos 80 años así», subraya.

 Las editoriales históricas del País, a decir de Carrasco, no apostaron por digitalizar o modernizar sus ediciones, en buena medida porque muchas orquestas no rentan las partituras, sino que usan fotocopias prestadas. De manera que invertir en nuevas ediciones no resulta rentable.

 «Es una inversión a fondo perdido».

 En la temporada a punto de culminar, la OSN tuvo que retirar una obra por resultar ilegible; otra, la Danza negra (1966), de Salvador Contreras, se mantuvo en la programación por escaso margen.

 «Era la más legible de las dos que teníamos. Hoy yo creo que ya casi nadie lee de un manuscrito, porque son de tan mala calidad», apunta.

 Si se mantuvo, admite, fue por la buena voluntad de los músicos. Sin esa disposición, añade, quizá no se habrían podido hacer 70 de esas 150 obras del repertorio mexicano.

 Carrasco se ha encargado del trabajo de edición de una decena de obras para la orquesta, entre ellas una de Blas Galindo. Aclara que no obtiene beneficio alguno, una vez terminadas, las entrega a los herederos.

 «Jamás me han pagado ni un peso, jamás las he rentado y jamás me van a pagar. Todo lo que llegue, que sea para ellos y su familia, para que puedan invertirlo en la edición de otras piezas», precisa.

 Esa convicción, dice, ha vencido la desconfianza de algunas familias que temían que se les quisiera arrebatar la obra.

 «Han visto que mi interés es genuino por la música, no por un dinero ni por robarles la pieza», recalca.

 Para que el rescate de ese repertorio trascienda a la OSN, dice, hace falta construir un circuito que vuelva económicamente viable la edición de música mexicana.

 Hay pláticas en marcha sobre un posible convenio institucional, encabezado por el INBAL, con la Sociedad de Autores y Compositores de México, en cuyo seno Manuel Enríquez fundó la editorial Música de Concierto, y con Ediciones Mexicanas de Música (EMM), fundada por Rodolfo Halffter.

 La idea, a decir de Carrasco, es impulsar proyectos de fortalecimiento de la industria editorial con la OSN como principal plataforma de salida y que tenga un efecto dominó en el medio cultural.

 «Vamos a buscar una curaduría conjunta y con un año de anticipación. Ellos invierten en una buena edición sabiendo que nosotros se la pagamos, y cuando llegue el momento podrán venderla también a otras orquestas, incluso con un precio especial de lanzamiento», argumenta.

 Una posible ruta, anota, sería un acuerdo a 3 o 4 años con tres rescates anuales.

 EMM dio un salto al integrarse a la plataforma digital Sonus Litterarum, dirigida por Ana Lara y Luis Jaime Cortez, que permite consultar partituras y comprarlas en PDF desde el extranjero.

 El punto pendiente son las grabaciones que sirvan de muestra.

 «Si hay una pieza que no se ha grabado, lo que la editorial necesita es una orquesta que la toque, que la grabe y ponga una muestra para que el director alemán o francés que busca repertorio diga: eso suena interesante. El efecto se va a ver en 10 o 20 años, pero está aquí la semilla», expone.

De Moncayo a Torres Maldonado

 En la próxima temporada, la OSN ofrecerá repertorio mexicano de los siglos 19 al 21.

 Carrasco prevé abrir con Llano alegre, una obra de José Pablo Moncayo poco tocada en comparación con el célebre Huapango o con la Sinfonietta y Tierra de temporal.

 «Está la partitura editada (dentro de la edición conmemorativa del centenario), pero no podemos encontrar los materiales de la orquesta», reconoce. «Esperemos que no tengamos que cambiarla».

 La programación, que está por anunciarse, contempla además un estreno con la OSN de Javier Torres Maldonado, compositor mexicano radicado en Italia, obras de Ana Lara y Miguel Bernal Jiménez, y un posible estreno de Melecio Morales.

 Incluye también la colaboración anual con la Academia de las Artes y con el Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez.

 Y continuará con el ciclo dedicado a Gustav Mahler.

 La colosal Sinfonía No. 2 en Do menor, Resurrección, con la que la orquesta cerrará la actual temporada, marca también un hito personal: con ella Carrasco alcanza las mil obras dirigidas a lo largo de su carrera.

 «Es un número que ni yo me lo creo. Es algo que jamás imaginé que fuera a llegar», admite el director, para quien la coincidencia con una obra sobre el renacer resulta significativa.

 El concierto tendrá como solistas a la soprano Jennifer Velasco y a la mezzosoprano Rosa Muñoz, con el Coro del Teatro de Bellas Artes, este viernes a las 20:00 horas y el domingo a las 12:15, en la Sala Principal del recinto de mármol.

Una memoria de cara a 2028

 Al asumir como titular de la OSN, Carrasco se propuso analizar lo hecho y ver qué faltaba por hacer. Pero no encontró nada de dónde partir: ni carteles ni programas de mano ni grabaciones históricas.

 «No existe una memoria antes de 2023. No hay programas de mano, no hay grabaciones, no hay videos, no hay nada», lamenta. «La Filarmónica de Viena, la Konzerthaus, Berlín… tienen sus archivos históricos».

 Una meta mayor es crear una memoria sonora de la orquesta.

 El proyecto, en colaboración con la Fonoteca Nacional, contempla rastrear grabaciones en directo, transmisiones de radio y materiales que en su momento produjeron televisoras como Televisa y Canal 13, con el objetivo de reunir para 2028 al menos una veintena de grabaciones históricas.

 Contempla además montar en conjunto un micrositio para que ese acervo esté disponible para todo el mundo.

 «Queremos dotar a la orquesta de un regalo de cumpleaños de centenario con su propia memoria histórica. Una memoria que de momento no existe», finaliza.

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