Opinión

GUERRILLEROS DE LAS REDES SOCIALES

Uriel Flores Aguayo

Escribir en las redes es sencillo, del tema que sea. Es el caso del Facebook donde los muros son poblados las 24 horas de todos los días. Del alud de asuntos expuestos destaco lo relacionado con asuntos públicos. Hay una consolidada tendencia a las posturas críticas y de denuncia; incluso en tonos radicales. No está mal.

Lo masivo, cuantitativo, es fugaz y cada vez más se compite para barnizarlo con rojos y amarillos. Es natural, cada quien desea que su opinión o idea no se evapore tan rápido como, involuntariamente, va a ocurrir. Son las reglas de las redes, es el sistema: facilidad para escribir, pero con la condición de lo efímero. Todos deberíamos asumirlo para no desgastarnos con el desgarre de vestiduras.

En un reflejo medio chusco han aparecido comunicadores y políticos gritones, que alzan la voz y despliegan mayor histrionismo para acentuar sus notas; imitan el estilo de aquel periodista de TV Azteca que se hizo famoso por ese estilo grandilocuente. Hay un deslizamiento hacia lo que creen son posturas justicieras. Esos personajes dan forma a los tiempos del espectáculo: actuaciones y gritos. Hay tanta información en esta red que resulta imposible seguirla, aunque algunos de sus protagonistas no lo ven y piensan que todo mundo los ve.

Por eso, para ganar audiencia, privilegian el ruido y los escándalos. Impresiona que lo importante de hace un rato se olvida en horas. Analicen ustedes qué queda de muertes polémicas o sonadas recientes: muy poco. Eso llevaría a la sensatez de no desgarrarse las vestiduras, a no creer que lo dicho en tonos rojos o amarillos va a influir en algo o que la sesuda opinión de los columnistas emergentes quedará grabada en letras de metal.

Una tarea urgente es sostener una conversación pública más o menos de relevancia, confiable y tolerante. Hasta ahora va ganando terreno la frivolidad y la polarización. Incluso algunos portales informativos, que cuentan con cierta trayectoria y un formato específico, se han ido mimetizando con el impulso de las redes sociales al natural. Y disminuyen la calidad de su labor, cediendo terreno ante una competencia feroz con cualquier persona que se lance a la calle a reportar con un celular.

La disminución cualitativa implica envolverse en papel amarillo, especular, omitir rigor y, dado el caso, golpear. Hay muchos ejemplos concretos al respecto. Las redes llegaron para quedarse, no hay forma legal y democrática de limitarlas, quien lo intente enfrentará sobre todo a la juventud. Es, ante todo, un territorio de libertad. Su ejercicio pleno inhibe al autoritarismo. Su uso depende en mucho de la responsabilidad de sus operadores. Puede ser una experiencia maravillosa, de conexión social, o una plataforma de odio y degradación.

De algún modo es el reflejo de nuestro nivel cultural y revela la condición humana que nos acompaña. En mi experiencia aun los casos más importantes ocurridos en la sociedad difícilmente pasan de la red a la realidad. Por hablar de denuncias y convocatorias. En tal sentido el supuesto radicalismo de algunos está encaminado a la impotencia, sin dejar de considerar que muchas veces es mera pose. Las redes son medios extraordinarios para comunicarnos, y hasta ahí.

Recadito: algo de humor tiene que haya quien está conociendo las colonias de Xalapa.

Comparte

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *