ESPECIALISTAS PIDEN ANALIZAR CONTEXTO DE RECLUSAS
Guadalajara, Jalisco 14 octubre 2026.- Para algunas mujeres privadas de la libertad, la historia que las llevó a prisión no comenzó con un delito, sino mucho antes: en una relación de pareja, en la dependencia económica, en la violencia o en un entorno donde las actividades delictivas terminaron formando parte de la vida cotidiana.
José Abel Saucedo Romero, perito especialista en el sistema de justicia penal adversarial, y Angélica Rivera Ortega, especialista en readaptación y prevención social y quien trabajó durante 30 años en el sistema penitenciario de Jalisco, coinciden en que las historias de las mujeres privadas de la libertad están atravesadas por circunstancias familiares y sociales que no siempre son consideradas por el sistema penal.
Para ambos, el sistema penitenciario tampoco está construido desde una perspectiva de género, una ausencia que no sólo se refleja en las condiciones de las cárceles, sino también en la forma en que se entienden las trayectorias de las mujeres que llegan a ellas.
En los centros estatales y especializados, el narcomenudeo fue el delito más frecuente entre las mujeres privadas de la libertad sin sentencia durante 2025, con 18.5 por ciento de los casos, seguido por robo, con 17.6 por ciento; homicidio, con 12.9 por ciento, y secuestro, con 11.2 por ciento.
Rivera, quien trabajó en el Reclusorio Femenil de Puerto Vallarta, realizó el documental «El lenguaje de las mariposas» donde mujeres privadas de la libertad cuentan parte de sus historias.
Una de ellas relata que se fue de su casa con su pareja cuando era una adolescente de sólo 16 años.
Su pareja ya estaba involucrada en actividades delictivas y ejercía violencia contra ella.
«Empezaron los golpes, porque desde que era mi novio también ya me pegaba», contó.
Cuando llegó a los 20 años, tenía dos hijas y dependía económicamente de él.
Otra mujer relató que después de casarse descubrió que su esposo, quien aparentemente se dedicaba al lavado y engrasado de camiones, también delinquía.
«Yo, pues, tenía a mis dos hijos; él solventando mucho, o sea los gastos y la escuela, el doctor y todo lo demás de los niños, pues era muy fácil para mí hacerme de la vista gorda al principio», reconoció.
Cuando quiso alejarse de ese entorno, dijo, ya no pudo. La mujer terminó detenida y, según su relato, fue señalada como la persona que organizaba una banda dedicada al robo de tráileres.
«Yo vengo como la intelectual de una banda de robo de tráileres. Porque mi esposo y sus amigos dijeron que yo era la de todo el rollo, porque creyeron que como mi familia estaba más o menos estable económicamente me iban a sacar y obviamente eso los iba a ayudar a ellos», lamentó.
En su caso, relacionó su participación con la necesidad de mantener a sus hijos.
«Aquí el delito más que nada creo que es querer sacar a un par de niños adelante. A lo mejor no fue la mejor manera», reflexionó.
Una tercera mujer relató que fue detenida por robo a casa y que inicialmente consideraba que su participación era únicamente como apoyo. Según su relato, la presencia de una mujer podía facilitar las actividades porque resultaba menos sospechosa.
Después de la detención, esperaba que su pareja la apoyara, pero eso no ocurrió.
«Los dos estamos inculpados en esto, pero pues yo me eché la culpa yo sola. Yo me eché la culpa, porque yo pensé que él me iba a apoyar, que me iba a ayudar y las cosas no fueron así», lamentó.
Incluso tuvo la posibilidad de salir bajo fianza, pero su pareja no pagó.
«Yo tenía la oportunidad de salir fácilmente con cinco mil pesos. Yo le hablé y le dije y nunca pagó la fianza».
José Abel Saucedo Romero señaló que el abandono familiar es particularmente frecuente entre las mujeres privadas de la libertad. Explicó que parte de ese abandono puede estar relacionado con que las familiares que podrían visitarlas terminan haciéndose cargo de sus hijos.
«¿Por qué no la visita la mamá o las hermanas? Bueno, por lo general es porque esa mamá o hermana es la que está cuidando ahora a sus nietos», explicó.
Mientras que Rivera documentó que, cuando un hombre entra a prisión, las mujeres de su familia suelen intentar mantener la unión familiar; en cambio, cuando una mujer es encarcelada, sus hijos pueden dispersarse entre distintos familiares y las parejas pueden romper el vínculo.
Por eso, la especialista plantea que los procesos penales de las mujeres privadas de la libertad deben ser analizados desde una perspectiva interseccional, que considere género, pobreza, violencia y criminalidad.
Para los especialistas, esas circunstancias también son relevantes para pensar en la reinserción. Al entrar al sistema, una mujer puede perder precisamente las redes familiares que habían sostenido su vida.
Para Rivera, entender esas trayectorias es indispensable para hablar de reinserción con perspectiva de género.
Primera parte: Mujeres están en prisiones creadas para ellos
Segunda parte: Impacta a niños vida en cárceles
Únete a nuestro canal de WhatsApp: https://goo.su/xkznA
