Cultura

EL CLÁSICO Y SU PERDURABLE LEGADO

Agencia Reforma

Monterrey, NL 3 julio 2026.- En las primeras páginas de su libro El hombre en busca de sentido, Viktor Frankl (1905-1997) cita al filósofo Friedrich Nietzsche: «Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo».

La cita constituye uno de los pilares de su obra, en la que el psiquiatra y neurólogo austríaco narra su experiencia como sobreviviente del Holocausto, tras permanecer tres años prisionero y perder a gran parte de su familia.

Publicado por primera vez en 1946, hace 80 años, el libro sigue siendo un fenómeno mundial.

Su éxito no es un secreto, pues aborda uno de los aspectos más profundos de la existencia humana: desde las primeras civilizaciones hasta la actual sociedad hiperdigitalizada permanece la necesidad inherente de encontrar un propósito de vida.

«Como humanidad, son preguntas que todo el mundo se hace: ¿Cómo nacemos? ¿Cómo crecemos? ¿Cómo morimos? ¿Por qué existe la enfermedad?», reflexiona la logoterapeuta Verónica Ortiz.

«El ser humano es un ser de preguntas y de buscar respuestas, de buscar qué es lo que nos hace estar en el mundo».

La primera parte del libro relata la experiencia del psiquiatra en los campos de concentración nazis, donde, junto con los demás prisioneros, enfrentó hambre extrema, trabajos forzados, hacinamiento, insalubridad y la muerte de seres queridos.

Frankl observó que quienes lograban aferrarse a un motivo para vivir tenían más probabilidades de sobrevivir, incluso ante semejante barbarie.

«Él logra ponerlo no desde la ‘victimez'», dice Ortiz, «sino desde la oportunidad de que no importa lo que vivas y lo que te toque en la vida, siempre le puedes encontrar un motivo para estar ahí, una fuerza para seguir».

Dicha experiencia fue clave para consolidar la logoterapia, un tipo de psicoterapia que postula que la principal motivación humana es la búsqueda de un significado o, mejor dicho, del sentido de la vida.

En una sociedad desesperanzada frente a crisis contemporáneas como la guerra, la incertidumbre económica y la crisis climática, cabe preguntarse: ¿qué puede rescatar el ser humano actual de esta obra?

La libertad interior

Una de las ideas que Frankl plantea en su libro es que nadie puede arrebatarle a una persona su libertad interior, esa que le permite elegir su actitud ante cualquier situación adversa o de sufrimiento.

«No se es esclavo para servir, se es esclavo para liberarse», reflexiona el filósofo clínico Rafael de Gasperín.

«No se te priva de la libertad totalmente porque hay una libertad interior que nadie toca, y esa es la que reside en el corazón humano, y eso es lo que te lanza, lo que te proyecta, lo que te posibilita».

Frankl desarrolla esta idea en diferentes pasajes del libro, como cuando prisioneros exhaustos caminaban de barracón en barracón sólo para consolar a los demás o entregar su última pieza de pan.

También relata que algunos prisioneros con cargos especiales trataban con crueldad a los demás, mientras otros no abusaban del poder y, por el contrario, incluso buscaban ayudar.

Así, plantea el psiquiatra, una persona tiene la libertad de elegir conservar su valor, dignidad y generosidad o, en la lucha por la supervivencia, perder su dignidad humana.

El filósofo De Gasperín retoma la famosa frase «No te olvides de dónde vienes».

Otra idea central de Frankl es encontrar sentido a través del sufrimiento.

«Él dice que, si la enfermedad es para lo que viniste al mundo, tienes la opción de vivirlo desde la victimización y desde el sufrimiento o desde la plenitud y desde asumir esa realidad», apunta la logoterapeuta Ortiz.

No significa que sea obligatorio sufrir para encontrar sentido a la vida, aclara.

Más bien, que ante el sufrimiento ayuda salir de la posición de víctima y encontrar un para qué.

«Cuando te mueves al para qué se te regresa la pregunta: ¿Y qué quieres hacer con esto?, ¿a qué te invita?, ¿qué oportunidades vas a encontrar a raíz de esto que te está tocando de vida?».

La era del vacío

En internet abundan contenidos que aconsejan cómo encontrar sentido en la vida, lo cual no es de extrañar cuando cada vez se habla más de su vínculo con el bienestar emocional.

Desde antes de ser internado en los campos de concentración, Frankl ya observaba que muchos de los jóvenes que se quitaban la vida tenían en común la ausencia de un propósito.

«El sentido es como un potencializador, como un faro que te guía para poder tener rumbo», apunta la logoterapeuta.

Diferentes pensadores han hablado sobre la crisis del vacío existencial en la sociedad del siglo 21, caracterizada por una profunda falta de propósito, apatía y desconexión, y la relacionan con el mundo hiperdigitalizado.

Esto puede observarse en el incremento de problemas de salud mental, como la ansiedad y la depresión.

De Gasperín retoma algunas ideas del filósofo Paul Ricoeur, quien describió el «cogito herido» de este siglo: seres humanos que se sienten vulnerables e inseguros ante la modernidad tecnológica que atraviesa su identidad.

«Por eso me parece que, entre otras cosas, este libro cobra sentido, ante la búsqueda de un ‘yo’ que está lastimado».

El filósofo regio recuerda cuando le preguntó al poeta Ernesto Cardenal por qué, cada vez que pensaba en la utopía, sentía un dolor de estómago, a lo que el nicaragüense respondió: «Es que usted tiene nostalgia por el infinito».

De alguna forma, esa nostalgia fue lo que permitió a Frankl sostenerse y lo que, en una sociedad saturada de necesidades artificiales -poder, placer y entretenimiento-, podría ayudar a regresar a lo esencial.

«Sospecho que la modernidad nos cargó de necesidades, entonces es necesario que yo tenga likes, es necesario que yo tenga todas las plataformas para ver la película que quiera», considera De Gasperín.

«La gran pregunta es: ¿qué sería suficiente?».

Frankl narra cómo los prisioneros de los campos de concentración, exhaustos, se conmovían con aspectos tan cotidianos como la contemplación de la naturaleza y los recuerdos del amor en sus vidas.

Su enseñanza es que no se elige la cuesta que hay que enfrentar, pero sí la actitud con la que cada quien decide recorrerla.

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