Opinión

DOS ORGÍAS MUY MEXICANAS

Francisco Montfort Guillén

Para resolver un problema es preciso, primero, definirlo. Y esta debiera ser la tarea de los nuevos partidos políticos respecto al Estado del que forman parte. Las instituciones democráticas surgidas durante el llamado proceso de transición democrática han dado dos nuevos frutos. PAZ y Somos México son partidos de nueva creación gracias a las instituciones creadas durante aquel periodo. Y, sin embargo, su actuación será bajo otro marco de referencia. Las instituciones, el clima electoral, las esperanzas democráticas en el cambio ordenado, pacífico y legal han desaparecido. Aunque las personas sean casi las mismas que estaban en la arena política desde 2018, ahora serán actores de otro orden, de otra organización, de otra cultura, de otro entramado institucional: mientras que durante los años de la transición se hacían esfuerzos por crear una sociedad autónoma y asertiva, ahora tenemos una sociedad más dependiente y servil del Estado.

La mayoría de los pensadores dedica sus esfuerzos en desentrañar el carácter populista del gobierno del obradorismo. Y es útil seguir acumulando conocimientos sobre este tipo de política para en su momento ponerle frenos y con el tiempo desaparecerla como política institucional. Pero conforme pasa el tiempo también va quedando claro que la etapa actual que vivimos en México es un eslabón de una cadena más poderosa, más antigua y olvidada. Por dos razones centrales:

La primera se puede formular así: México nunca ha sido un país fuerte, independiente, desarrollado. La segunda es que en México nunca hemos tenido un Estado exitoso que conduzca a la sociedad mexicana hacia el progreso permanente y con un estilo de vida de confort, de bienestar, de desarrollo científico y tecnológico basado en una sociedad bien educada, de excelencia intelectual con las libertades que hacen posible la creatividad de la innovación permanente que se refleja en servicios públicos de alta calidad y con agentes socioeconómicos generadores de riquezas suficientes para alcanzar niveles de vida comparables a las naciones/Estado tales que los países escandinavos, europeos, asiáticos, norteamericanos.

Lo primero a reconocer es que el gobierno de Morena no es sino un simple escalón cuesta abajo en la rodada del subdesarrollo. Y esto así porque México siempre ha sido gobernado por un Estado despótico en medio del desorden y la desorganización resultantes de la Independencia y, después, con el orden y las restricciones a las libertades del despotismo, unas veces atemperado por los favores del Estado y la mayor parte del tiempo con la asfixia del despotismo iletrado, como en estos momentos de oscuridad morenista. Lo que sí ha conseguido el clan de López Obrador es aumentar la capacidad del Estado <<para negar a la sociedad los medios para participar en las decisiones políticas>> (D. Acemoğlu y J. Robinson. El pasillo estrecho. Deusto, Barcelona 2019).

Y otro problema de fondo que enfrentarán los nuevos partidos, como novedad política, es la conversión del crimen organizado como fuerza determinante del curso de las elecciones en buena parte del territorio nacional.Por primera vez en la historia de México, el crimen organizado de extensión internacional actúa en el país como fuerza intimidatoria que recorta aún más las libertades políticas, sociales, de reunión y de expresión pública. El crimen organizado entremezclado con los gobiernos, principalmente de Morena, constituye una amenaza constante que se traduce en una influencia sistémica a favor del partido Morena y que distorsiona la participación libre de la llamada sociedad civil desde que los partidos empiezan a definir los perfiles de sus precandidatos, como ha sucedido aquí mismo en Veracruz, para no repetir los sonados casos de los estados del norte y el Pacifico del país.

La amalgama crimen/política ha dado como resultado la mayor orgía de corrupción que México ha conocido en toda su historia. Son miles de millones de pesos que no ingresan a las arcas públicas más miles de millones que se redistribuyen entre los nuevos funcionarios y sus empresas “fantasma” o “recién nacidas” que se pierdenpara efectos de proporcionar mejores servicios públicos, mayor calidad de vida de los ciudadanos y, en general, son pérdidas que detienen la marcha del país en su conjunto.

De aquí la importancia de definir bien el problema a resolver y las tareas a emprender. De nada servirá al país que Morena pierda las próximas elecciones intermedias y presidencial si lo único que harán los ganadores será atemperar la orgía de corrupción, castigar a los funcionarios y políticos de Morena y seguir con el modelo de Estado despótico que controla a la sociedad mediante el disfraz de Ogro Filantrópico, como agudamente caracterizó Octavio Paz a los gobiernos del PRI despótico. Lo que necesitamos si queremos conservar el país y hacerlo progresar es construir un verdadero estado democrático en donde el Estado fuerte para defender la soberanía queda amarrado de las manos por la sociedad para que tenga un comportamiento ético que pare el diario espectáculo de la orgía de sangre criminal y la orgía cotidiana de corrupción, que terminarán por quebrar el Estado.

francisco.montfort@gmail.com

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