¡ALTO, NO DISPARE! SOY PERIODISTA
Por Edgar Hernández*
@LíneaCaliente
Sí el asesinato de 32 periodistas muertos en los últimos años en Veracruz, entre las que destacan la decapitación de la periodista de Notiver, Yolanda Ordaz, y la colega de Nanchital, Roxana Guzmán, cortada en chachos y hervida en aceite, no son prueba suficiente de la escalada asesina contra la prensa libre, si para los comunicadores.
Las repetidas amenazas a los periodistas, robos a sus casas habitación y la permanente zozobra familiar de que salgas a trabajar sin tener la certeza de que regresarás vivo se han convertido en la normalidad.
El mundo oficial no se da por aludido.
De lo ocurrido la noche de este lunes 24 de agosto en Poza Rica, donde el reportero policiaco Eli Alejandro Martínez fue reportado como desaparecido después de un ataque armado del que salió ileso ¿qué decir?
¿Qué no pasa nada?
El periodista salió a trabajar con otro reportero cuando fueron interceptados por hombres armados en la zona de la colonia Cazones quienes dispararon directamente contra ellos.
El segundo comunicador logró escapar mientras Eli Martínez fue levantado, pero ante el escándalo mediático horas después y de manera por demás sospechosa fue soltado
¿Gracias a la policía? ¿fue gracias a la generosidad de los maleantes o porque alguien desde arriba les llamó para parar el broncón?
Algo no funciona en la relación prensa estado.
Algo no cuadra ante la inseguridad en las calles y el enojo de los propios Cárteles incómodos a quienes ¡el colmo! los periodistas metiches no los dejan “trabajar”. No los dejan que hagan en santa paz sus levantamientos, secuestros, cobro de piso, trasiego y traslado de huachicol.
Les molesta además porque la policía comprada y cómplice, no cumple con su trabajo de contención para que los malandros delincan a sus anchas.
Esto de la relación prensa-Estado, como el Cazones, se desbordó, pero no “ligeramente”.
Se ha convertido en un problema mayor en donde nada tiene que ver el nado sincronizado o que no se puede “faltar el respeto a una dama”. Esto es un tema que va a contrasensu de lo que opina el sector oficial muy alejado de la realidad.
Es un problema de estado. Es una tragedia que se paga con sangre y en donde los muertos los pone la prensa.
No será con el ahogamiento financiero a los escribanos -salvo para los dos que tres chayoteros oficiales- como se resuelva el problema de la prensa incómoda.
Va más allá.
Es la ausencia de diálogo. Es la mecha corta. Es el no saber y pretender resolver la relación con la prensa crítica a través de localizados burócratas, quesque expertos en medios pero que no saben ni escribir su nombre de corrido.
La imagen de un gobierno no se resuelve con chayotes, sino con diálogo, con acuerdos en donde prime Veracruz.
Tampoco se legitima con preguntas a modo en las conferencias de prensa, sino con medidas de protección ciudadana, periodistas incluidos.
Ello desde luego partiendo de la urgencia de atacar de lleno la violencia criminal y brindar a la sociedad organizada el equilibrio de poderes fácticos.
Se trata además de echar a los narcos incrustados en las presidencias municipales, diputaciones y el gabinete, así como los maleantes que encabezan cuadros administrativos y financieros del sector público.
Nada se logra comprando millonarios espacios en las redes sociales para confundir a la sociedad civil cuando basta salir a la puerta de tu casa para encontrarnos con la realidad social plagada de miedo y zozobra, de violencia y muerte.
Son tiempos de diálogo con los líderes de opinión, con la sociedad organizada, con las madres de desaparecidos, con la gente que grita seguridad.
Y para los comunicadores -los de verdad- no hay duda de que por la vía del acuerdo y por el bien de Veracruz se puede alcanzar una tregua, una conciliación (esto lo he escrito como 20 veces).
Simplemente se requieren garantías.
No puede haber dos Veracruz, el del mundo oficial y el de la brutal realidad sobre una pila de muertos.
Tiempo al tiempo.
*Premio Nacional de Periodismo
