Cultura

AMPLIFICA LA FILUNI VOZ CRÍTICA DE ANGELA DAVIS

Ciudad de México 24 agosto 2026.- Angela Davis fue una de las diez personas más buscadas por el FBI a comienzos de los años 70, conoció la cárcel acusada de asesinato, secuestro y conspiración y, tras una campaña internacional en su defensa, fue absuelta de todos los cargos.

Convertida desde entonces en símbolo de resistencia, la filósofa, escritora, feminista y activista estadounidense (Alabama, 1944) vendrá a la UNAM para participar en la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni).

Sostendrá este miércoles a las 18:00 horas en la Sala Miguel Covarrubias del CCU un diálogo magistral con Gina Dent en torno a libro Abolición, feminismo ¡ahora!, del que son coautoras junto a Erica R. Meiners y Beth E. Richie y que coeditan en México el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG), U-Tópicas y Libros UNAM, instituciones que, junto con la Coordinación de Difusión Cultural de la Máxima Casa de Estudios, hicieron posible la visita a México.

Participarán también en este encuentro Amneris Chaparro, directora del CIEG, y la escritora Rosa Beltrán, titular de CulturaUNAM, quien presentará la actividad y quien, en entrevista, perfila a Davis como una intelectual que asume riesgos.

«Angela Davis es atípica, incluso como intelectual, sobre todo en Estados Unidos. Por un lado fue profesora hasta su jubilación, primero expulsada de UCLA (Universidad de California, Los Ángeles) por su activismo, después trabajando en UC Santa Cruz hasta su jubilación. Una activista política que encarna (que asume en el cuerpo), lo que escribe en los libros, que desafía la idea convencional tanto de academia como de militancia.

«Es muy interesante como intelectual porque representa una vida de encarnar la teoría y la experiencia personal para analizar temas urgentes; y lo hace usando un lenguaje accesible, colectivo, asumiendo el riesgo y los costos de involucrarse activamente en las causas progresistas de nuestra época», apunta Beltrán a REFORMA, por escrito.

Una de esas causas es el desmantelamiento del sistema carcelario estadounidense, que Davis vincula con estructuras más amplias de racismo y violencia de Estado.

«Su propuesta abolicionista nos invita a imaginar transformaciones estructurales (las más difíciles pero no imposibles de realizar) a las que lleguemos con responsabilidad colectiva. Cambios que nos lleven a una prevención real, a una verdadera justicia social, no sólo a una justicia punitiva. Cambios que implican pensarnos desde la construcción de la conciencia. ¿Qué significa ser humanos? ¿Cuáles son los valores a los que aspiramos en esta -breve- vida? Una utopía en este País».

Beltrán reconoce la contradicción que opone, en el contexto mexicano, la exigencia de castigos más severos y el «absurdo, doloroso y ofensivo índice» de impunidad. Esto genera, plantea, una exigencia social de penas más severas sin excepción y el aumento de figuras como la de «prisión preventiva oficiosa».

Y escuchar a Davis y a Dent en la UNAM, añade, alentará preguntas sobre cómo abrir caminos a una justicia restaurativa de un tejido social roto.

«Y comenzar a pensar distinto. Sólo eso ya sería una gran aportación».

Los cuestionamientos de Davis apuntan además a las instituciones universitarias y su visita a la UNAM anima también la autocrítica, pondera Beltrán.

«Alojar este nivel de debate demuestra que la vitalidad de la universidad radica precisamente en su disposición a ser incomodada, asumiendo que el conocimiento verdaderamente transformador exige desafiar las certezas sobre las que se sostiene la propia institución».

Cuando los algoritmos piensan por nosotros

Hay, además, una dimensión del pensamiento de Davis que Beltrán considera particularmente pertinente para el presente universitario: su advertencia de que las tecnologías no son sólo herramientas, sino fuerzas capaces de modificar nuestra manera de pensar.

«Estamos frente a un cambio histórico. Mucho más importante que cuando nació el internet. Con la IA nos enfrentamos a la velocidad y a la facilidad con la que hoy se generan millones de datos, pero eso no es equivalente a que tengamos una comprensión profunda, todo lo contrario.

«El peligro de los algoritmos es dejar que alguien piense por nosotros, dejarnos conferenciar, en el peor de los sentidos. Estar condenados a la mera repetición. La rumia de la rumia. Y las fake news, la rendición ante conocimientos falsos, que están inmersos en la ideología».

Las tecnologías, advierte la funcionaria universitaria, no son neutrales y pueden replicar lógicas racistas, sexistas y de clase patentes en las sociedades que las programan.

La Universidad, reflexiona, debe enseñar a desentrañar estos sesgos algorítmicos «y formar mentes capaces de cuestionar qué voces e historias son omitidas por un código de programación».

Tales estímulos imponen además un ritmo vertiginoso que fragmenta la atención y favorece el pensamiento superficial. Frente a ello, prosigue, el espacio académico tiene la obligación de reivindicar la lentitud indispensable para la lectura crítica, la asimilación y la maduración de las ideas: «La idea del conocimiento como un tesoro».

Y la construcción de verdadero conocimiento es un acto colectivo, enfatiza, para luego considerar la labor de difusión cultural y la creación de espacios de encuentro presencial como un acto de resistencia, «recordando que las ideas necesitan cuerpo y diálogo en vivo para adquirir sentido ético y político».

«Hay cosas que el algoritmo no puede replicar: la empatía, la conciencia histórica y la voluntad de transformación social. Sin esto último, no hay futuro para las humanidades. Por eso traemos a Ángela Davis a la UNAM».

Feminismo, motor de cambio

El feminismo decolonial ocupa hoy un lugar protagónico al cuestionar que las experiencias de las mujeres blancas y de clase media funcionen como medida general de las problemáticas femeninas, sostiene Beltrán.

Junto con él identifica la presencia de los feminismos afroamericano, chicano e indígena, así como de perspectivas poscoloniales que han llevado al debate universitario la necesidad de pensar de manera conjunta género, raza y clase.

Ese ensanchamiento tiene detrás una larga historia de activismo estudiantil, dice la funcionaria universitaria.

«Históricamente el activismo feminista impulsado por las estudiantes ha sido el motor principal para el progreso de los derechos de las mujeres en la UNAM desde la década de 1970 y hasta ahora», afirma.

Beltrán considera que ese impulso se ha fortalecido con nuevas generaciones que producen pensamiento y obra no sólo desde la academia, sino también desde la ficción, la poesía, la historia, el cine documental, las artes visuales y performativas, la música y las literaturas bilingüe y en lenguas originarias.

Los feminismos, añade, han tenido además efectos concretos en la vida institucional de la Universidad, al propiciar la creación de instancias como la Coordinación para la Igualdad de Género y la Defensoría Universitaria.

«Y Angela Davis, si bien es cierto que se consolidó como un símbolo de resistencia frente a la criminalización política y el racismo de los 70, dialoga de forma muy directa con los movimientos actuales, por ejemplo en la búsqueda por encontrar alternativas comunitarias de justicia frente a la violencia de la sociedad y del Estado.

«Nuestras jóvenes, al igual que Davis, unen la reflexión crítica con distintas herramientas para hacerse escuchar. Y se trata de oírlas, de oírnos. De volver a pensarnos en conjunto».

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