Opinión

LOS DÍAS DE MUERTOS EN MI INFANCIA

Uriel Flores Aguayo

Misterio y solemnidad envolvían mis días infantiles en estas fechas cuando alrededor de mi mamá, Doña Alicia Aguayo, la portadora de estas costumbres en nuestra familia, hacíamos las tareas respectivas para instalar el altar de rigor, año con año; hasta la fecha,en la que fue su casa,mis hermanas visten de tradición, en estos días, el altar permanente dedicado tanto a ella como a mi papá. Primero había que ir a las fincas vecinas a buscar la rama tinaja, el follaje del arco, a veces también algunas flores en el mismo lugar; después al mercado “ San José “ por cempasúchil, veladoras, algunas canastitas y las coronas que el día dos de noviembre se llevarían al panteón. Hubo ocasiones de calma, con anticipación, y otras de prisas por dejarlo para después. En ambos casos eran días de trabajo familiar, colectivo, con creatividad y detalles. La atmósfera era de ritual. Creo que fueron de los momentos en que estábamos más unidos. Ahora sabemos del Mictlan, la parte azteca, y de las denominaciones religiosas, día de los “fieles difuntos”  por ejemplo. Entonces hablábamos de días de muertos y de Todos Santos únicamente, era suficiente. Había un ambiente de respeto y expectativa, pensando en nuestros muertos como seguros visitantes, solo imaginarlo impactaba. Al altar, una vez terminado, nos asomábamos para verificar que hubiera rasgos de mordidas en la comida y disminución en las bebidas. Siempre creímos que los muertos regresaban, eso no se discutía; despiertos los sentidos y entreabiertos los ojos en las noches intentando verlos. Días de altares y panteones, pero también de comidas especiales: los infaltables tamales, las torrejas, el chocolate y el pan. No se comía otra cosa que no fueran tamales,variados, y las panaderías únicamente vendían pan de muerto. Salvo en una que otra escuela no había exposiciones públicas ni desfiles relacionados con la celebración de Todos Santos, era algo más de casas y familias. En los panteones, igual que ahora, se reunía gran parte de la población y había música. A mí me fascinan estas celebraciones, de lo mejor del año; agradezco infinitamente a mi mamá nos haya compartido su apego al cultivo de la memoria de sus seres queridos, como ahora nos corresponde recordarla a ella y a mi papá con su altar correspondiente. Venimos de esa tradición cultivada en una región que abarca desde Huatusco hasta Xalapa, pasando por Coatepec, de la vertiente de los Aguayo-Vela. Mi papá venía de la zona de Soledad de Doblado, donde poco se sabía de estas celebraciones. Con él supimos que los días de muertos se vivían de formas muy distintas de región a región. Actualmente, sin demerito de la esencia de las fechas, que es recordar a nuestros muertos, estas celebraciones se viven de maneras más festivas, donde inciden la niñez y la juventud con su vitalidad y capacidad de divertirse. Vemos caritas pintadas y los desfiles de las catrinas y catrines, en un homenaje a Posadas y Diego Rivera; es notable como se involucra la ciudadanía , lo extenso socialmente de la celebración, donde casi nadie es ajeno. Asumimos la síntesis de la nostalgia con la festividad, el pesar de la ausencia de nuestros seres queridos y la convivencia con los vivos junto a los altares y alrededor de las mesas donde colocamos la comida especial para estas fechas. Somos memoria, presente y más o menos podemos avisorar lo que pasará con nosotros cuando nos despidamos del mundo terrenal, si es que seremos recordados ritualmente como lo hacemos con nuestros muertos. Siendo fascinantes las formas variadas como se celebran estos días, recreando el pasado y envolviéndolo en ceremoniales, respetables todas, siempre se debe poner el acento, creo, en lo íntimo, en la conexión entre el ser ausente y el vivo, en su camino de cempasúchil, en su altar con veladoras prendidas y fotografías, en la creencia y convicción de que vuelve con nosotros, en que nos visita y nos deja el abrazo que nos falta al menos una vez al año. Los queremos y extrañamos tanto que los recibimos con comida. Bienvenidos nuestros fieles difuntos.

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