Opinión

LA POLÍTICA, LOS POLÍTICOS Y AMERICO

Uriel Flores Aguayo

Para hacer un análisis político más riguroso hay que ver más allá del día y las notas llamativas. En los últimos ocho años han ocurrido cambios políticos profundos en México, Veracruz y Xalapa. Para comprenderlos se debe observar el proceso y los antecedentes, ubicar la coyuntura y el contexto. Ante hechos nuevos, análisis renovados. De otro modo es poco lo que entenderíamos. Algunos ya habíamos visto la película, por tanto nos admiramos menos. Otros la ven por primera vez y se maravillan. No adelanto si está bien o mal, es una descripción.

El sistema político mexicano tiene como ejes a la partidocracia y al partido hegemónico. Hago definiciones conceptuales. Tenemos un partido sobre poderoso con dos satélites y una desinflada oposición de medio pelo o marginal en el plano nacional. No se ve en el corto plazo una disputa real del poder a Morena, en general el resto de partidos son funcionales al sistema, colmados de privilegios y prerrogativas. Como en el pasado si quieres hacer política eficaz tienes que afiliarte a Morena, aunque tus derechos internos sean casi nulos.

No se observa una generación de lucha e ideales en los partidos, son burocracias tajantemente alejadas de la ciudadanía. Están peleados con las ideas y sus reflexiones son escasas, dejando de cumplir con el rol democrático y constitucional que tienen asignado. Lo avasallador del partido hegemónico lo anestesia internamente llevándolo a eludir la crítica y la auto crítica, y siendo tan masivo privilegia la cantidad sobre la calidad. Representa una nueva clase política que se vuelve susceptible de excesos ante la falta de controles y el refugio complaciente de una narrativa épica.

Los partidos son bastante similares en un tiempo en que no hay precisamente identidades ideológicas. Disponen de algunas ideas de origen y otras muy generales, pero el resto de su discurso y prácticas son más que parecidas entre ellos.

Hablar de izquierda o derecha en México en estos tiempos es decir poco o casi nada. Por supuesto que además de los colores y nombres están en su derecho o necesidad de ponerse foquitos y envolverse en narrativas heroicas. El predominio del poder ejecutivo entre los demás poderes y la mayoría absoluta en el congreso de la unión, así como en la legislatura local, baja la necesidad, importancia y peso de los legisladores, volviéndolos decorativos en general; por supuesto hay excepciones.

En esas condiciones y del sistema de partidos es perfectamente lógico que los que quieren ser políticos, o ya lo son, busquen estar en el hegemónico que les garantiza espacios y poder. Normalmente los partidos hegemónicos, sin mucho rigor de inclusión, se vuelven “atrapa todo”.

Qué tal o cual miembro de X partido se pase a Morena es totalmente normal. Lo que quieren es hacer política concreta, no testimonial. Ya tendrán tiempo de armar sus argumentos y reinventarse. Eso no es traición de nada. Es libertad. No es asunto de buenos y malos. Lo que sí se puede considerar traición es ser electo para un cargo legislativo por determinado partido y pasarse a otro: es un acto de incongruencia y falta a los electores que lo llevaron al puesto.

El partido hegemónico que no se renueva, que no discute sus ideas, depende de relatos frágiles y figuras providenciales tiende a irse deslavando y alejándose de su identidad original. Tal vez, aunque haga todo eso, sin opciones de grandes liderazgos se irá corriendo al centro. Eso le va a pasar a Morena en cuatro años parcialmente y en diez totalmente.

Hablo de la realidad desde mi visión basada en una experiencia real. Cada quien jugará el rol que quiera: abstenerse, votar por la oposición o votar por Morena. Insisto en que no es asunto de buenos y malos, es la política real hecha por seres de carne y hueso; no hay héroes. No es para desgarrarse las vestiduras ni quedarse en la impotencia de lo estéril en condenas y lamentaciones. Es lo que hay.

Recadito: la mención de Américo, a quien respeto, es para poner un botón de muestra.

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