LA HAZAÑA DE BENETTON EN EL GP DE MÉXICO 1986
- El 12 de octubre de 1986, la Fórmula 1 volvió al Autódromo Hermanos Rodríguez tras 16 años de ausencia. Una tarde de motores rugientes, cambios manuales y una proeza táctica inolvidable.
Ciudad de México 14 octubre 2026.- Para entender la magia del Gran Premio de México de 1986 hay que prescindir de la telemetría moderna y el DRS. Aquella tarde en la Magdalena Mixhuca, la Fórmula 1 era pura fuerza bruta: motores de 1.5 litros escupiendo más de 1,300 caballos de potencia, llamaradas por el escape al reducir marcha en la traicionera curva Peraltada y pilotos peleando a brazo partido contra volantes sin asistencia.

México reabría las puertas del «Gran Circo» apenas cuatro meses después del Mundial de Futbol. El trazado de 4.4 kilómetros combinaba baches severos por la altitud con un asfalto sumamente abrasivo. En los pits, se respiraba la tensión de una lucha encarnizada por el título mundial entre gladiadores como Nigel Mansell, Nelson Piquet, Alain Prost y Ayrton Senna.
El drama inicial y el desgaste de gomas
El sábado, Ayrton Senna exigió al máximo su Lotus-Renault para firmar la pole position. Pero el domingo guardaba sorpresas. Al encenderse los semáforos, el líder del mundial, Nigel Mansell, sufrió el encasquillamiento de la primera velocidad en su Williams-Honda, quedando casi estático mientras el pelotón lo esquivaba a más de 200 km/h.
En la punta, Piquet, Senna y Prost impusieron un ritmo demoledor. Sin embargo, la pista comenzó a devorar los neumáticos Goodyear de los punteros. Uno a uno, los favoritos se vieron obligados a ingresar a pits para cambiar neumáticos, perdiendo segundos valiosos.
El triunfo quedó marcado en los registros oficiales con Gerhard Berger (Benetton-BMW) en primer lugar con un tiempo de 1h 33m 18.2s, seguido por Alain Prost (McLaren-TAG) a 25.4 segundos en la segunda posición, Ayrton Senna (Lotus-Renault) en el tercer sitio a 52.5 segundos, y Nelson Piquet (Williams-Honda) en el cuarto puesto con una vuelta de desventaja.
La genialidad táctica de Pirelli y Benetton
Mientras los gigantes se desgastaban en boxes, un bólido multicolor avanzaba con finura, el Benetton B186 del austriaco Gerhard Berger. Bajo la dirección de Peter Collins, el equipo montó el compuesto duro de Pirelli con una apuesta audaz, completar los 68 giros sin realizar una sola detención.
Berger administró con precisión quirúrgica el ritmo y la temperatura del hule sin castigar el temible motor BMW M12/13 Turbo. En el giro 36 tomó el liderato definitivo y cruzó la meta con más de 25 segundos sobre Prost, consumando su primer triunfo en F1 y el primero en la historia de Benetton. Un monumento a la astucia que hoy cumple cuatro décadas.
