Opinión

QUINCEAÑERA

Francisco Montfort Guillén

Las fiestas de quince años de las señoritas en México eran muy divertidas. Constituían la fiesta familiar por excelencia. Se echaba la casa por la ventana con la compra del vestido, el pastel, de la comida y la bebida, la preparación del baile de los chambelanes, el alquiler del sonido. El gasto era proporcional al nivel de ingresos familiares, pero, que caray, todos cooperaban para que la fiesta fuera un éxito. No faltaban los discursos del papá o el padrino y en muchas ocasiones la fiesta terminaba con tremenda bronca entre los jóvenes invitados. ¿Cómo será la fiesta de la jovencita Morena, nacida en medio del pueblo humilde? ¿Tendrá suficientes recursos para festejar?

Porque motivos para celebrar tiene. Ya los diputados hicieron su trabajo a la trompa talega para asistir a la pachanga y la nueva presidenta prepara ya su festivo discurso. Los senadores (tal vez no todos) están más que prestos. Toda la nomenclatura partidista estará presente (excluidos los militantes de base, pues, Morena… ¡no lo olvida, todavía existen clases sociales!) así como los altos integrantes del gobierno federal, los gobernadores, los presidentes municipales. Los nuevos empresarios y sus nuevos… (¿cómo llamarlos?) apoyadores electorales y financieros, los miembros distinguidos de la (¿cómo se la nombrará?) tal vez la <<nuova famiglia>>.

Porque todos ellos tienen derecho a festejar su rapidísimo ascenso social, el aumento vertiginoso de sus fortunas, la fama novísima y alta como la espuma. Todos felices, todos contentos. Hasta los mal portados (o principalmente ellos) porque los allegados más íntimos de esta Quinceañera están debidamente protegidos nada más y nada menos que por la Jefa de Jefas, así que podrán gozar de sus fortunas mal habidas sin ningún remordimiento de conciencias. Nada de su entorno perturbará su festejo, más luciente que el de la pobre engreída quinceañera tabasqueña, en cuya fiesta su papá, tan morenamente amoroso, se gastó 45 millones de pesos. Ahora no habrá prensa criticona con los gastos, y todo mundo aplaudirá su meteórico ascenso, su arrasamiento de instituciones, sus violaciones de la lay, la pérdida del pudor y de la ética y la moral y todas las perdidas que les endilguen a los felices festejantes si a cambio están en la cúspide del <<pinche poder>> como dijo uno de sus antecesores más famosos, pero tan igualito a ellos que ahora su hijo estará festejando estos <<Maravillosos años>>, los únicos e irrepetibles fundacionales 280 meses de victorias.

¿Quién entre los invitados a los festejos pensará en los diarios testimonios de sus desastrosas administraciones de los gobiernos federal, estatales y municipales? ¿Quién tendrá el mal gusto de mencionar la enorme cantidad de mexicanos muertos por la violencia criminal que desde 2018 contabilizan más decesos que algunas guerras civiles? ¿Alguien hablará de las mexicanas desaparecidas, violadas, encadenadas al tráfico sexual? ¿Existirá el valiente que haga un chiste sobre los desatinos verbales de la Jefa? ¿Sus caricaturistas harán un chiste o un meme satírico sobre sus propios defectos, por ejemplo, que a la Quinceañera se le empiezan a percibir las lonjas por su insaciable deseo de atragantarse de festines de dinero?

Tal vez a las parejas de bailes norteños, tan del gusto de sus nuevos familiares (y que en el fondo también a ellos les gusta bailar) se les rueden algunas monedas de los últimos negocios, y todos pensarán que es el Bolo del Padrino que no pudo llegar porque está escribiendo su nuevo libro. Todo tendrá una explicación emocional en sus alcances, porque ellos no alcanzan a comprender que sumieron a México en las garras de un poder que nunca había conocido el país: el insólito poder de la ignorancia. Este poder tan insólito, tan desgarrador, tan desmoralizante, tan novedoso es el que está haciendo trizas al país y lo hará también con las nuevas generaciones. Es el poder con el cual no se puede dialogar porque él mismo se niega a discutir los problemas; es el poder ciego que sólo ve lo que dicta el poder desde las mañaneras y su grupo propagandístico; es el poder que critica todo lo hecho anteriormente porque es incapaz de pensar la complejidad del ser humano al cual reduce a animalitos que se conforman con palmaditas en el lomo de humanismo mexicano. Es el poder que está encerrado entre tapaojos de las mulas que miran siempre adelante las promesas de las ideologías. Es un poder supra humano, porque los seres humanos, en nuestra complejidad, sólo tenemos a la razón y a la poesía como elementos para construir un mundo habitable, confortable para la mayoría si nos comportamos conforme al derecho, a la honestidad, a la ciencia que avanza a base de errores. Nos gobierna la ignorancia porque tranquiliza las conciencias gracias a los profetas absurdos, los rumores de la irracionalidad, porque a la mayoría de los mexicanos los sedujo el fanatismo por un hombre y sus cortos dichos de lugares comunes aunados al pensamiento mágico de la pseudocientífica de que, siguiendo sus pasos, saldremos de la pobreza. Que festejen a la Quinceañera, a su fatal ignorancia que, al fin y al cabo, en poco tiempo terminarán destruyendo sus propias palabras, sus propios líderes, sus propios mitos. Tal vez, después de su derrota, quede algo de México. Tal vez.

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