LEYENDA VIVA DEL JAZZ: COLEMAN
Ciudad de México 27 septiembre 2026.- De su larga vida colmada de pasajes al lado de algunos de los nombres más importantes del jazz, el saxofonista George Coleman atesora en especial lo sucedido una vez que apareció entre colegas sin su instrumento.
«Y John Coltrane, con esa amabilidad y gran respeto que mostraba hacia los músicos jóvenes, me dijo: ‘Vale, ¿quieres tocar?, puedes usar el mío’. Así que toqué usando sus boquillas, su correa para el cuello… Y, bueno, el resto es historia», cuenta el músico de 91 años en entrevista.
«Fue él, el gran Coltrane, quien me recomendó con Miles Davis», prosigue quien, en 1963, recibiera la llamada con la que acaso todo joven jazzista soñaba: una invitación de Davis para unirse a su grupo.
«Eso fue lo máximo. Tocar con Miles Davis era lo mejor de lo mejor».
Con poco más de siete décadas de una trayectoria que va desde tocar blues con B. B. King en los clubes de Beale Street, en el Centro de Memphis, hasta explorar los límites del jazz moderno con el quinteto de Davis en el Lincoln Center de Nueva York, George Edward Coleman (Memphis, 1935) es, sin lugar a dudas, una leyenda viviente de la música.
Para su primera presentación en México, que tendrá lugar este lunes en la renovada Sala Nezahualcóyotl dentro del Festival Cultura UNAM, el saxofonista promete un repertorio amplio, propio de tan importante carrera.
«Estoy emocionado, va a ser increíble. El público va a amar lo que toquemos», dice antes de enlistar canciones como My Foolish Heart, la cual grabara en Francia junto al pianista Ahmad Jamal, o St. Thomas, pero en la versión de Sonny Rollins, aclara.
Cuando llega a Road Song, de West Montgomery, le resulta imposible no empezar a tararearla.
«Creo que van a disfrutar de lo que hacemos porque vamos a tocar una gran variedad de temas. Tenemos bastantes cosas preparadas. Por supuesto, tocaremos también algo de blues», prosigue quien subirá al escenario con su ensamble George Coleman & Friends, siendo uno de esos amigos su propio hijo, George Coleman Jr., en la batería.
El mito fundacional de su historia como saxofonista suele comenzar señalando su formación autodidacta. Y es cierto, aunque no lo hizo precisamente solo, sino junto a su hermano mayor Lucian Adams, ambos turnándose para tocar un sax alto.
En el Memphis de aquella época, de no haberse convertido en músico, Coleman piensa que habría optado por ser jugador de futbol americano, probablemente linebacker, pues no era tan rápido como para ser corredor; «pero una vez que escuché a Charlie Parker, supe que yo quería ser un músico como él», rememora.
«Charlie Parker era el hombre», subraya el saxofonista nonagenario que no tuvo oportunidad de conocer a su ídolo y «mentor», fallecido en 1955. «Habría sido una de las mayores alegrías de toda mi vida».
Dejó el sax alto sólo porque B. B. King, a cuyo ensamblaje se sumó a inicios de los 50, ya tenía quien lo tocaba; «Me dijo: ‘Quiero que toques el tenor’, y entonces me lo compró, y yo lo fui pagando poco a poco», relata Coleman, inscrito en la historia del blues con el solo de sax en Woke Up This Morning (1953), y para quien tal cambio fuera un salto mayúsculo.
El saxofón tenor era «the real killer», resalta el músico que al día de hoy sigue empuñando el Selmer Mark VI que adquirió en 1958. «Todos los grandes han tenido uno, es el sax definitivo. Pharoah Sanders tuvo unos siete u ocho», cuenta.
Tras su paso con el quinteto de Davis, tocó en la emblemática grabación de Herbie Hancock para Blue Note, Maiden Voyage. Y, entre 1964 y 1974, trabajó como compositor y arreglista independiente para músicos de la talla de Betty Carter, Chet Baker, Lionel Hampton, Lee Morgan, Charles Mingus y Cedar Walton.
«Te lo digo, amigo: Es increíble. Es increíble ver a toda esa gente que se ha marchado a tocar en ese escenario celestial del que tanto se habla; han sido muchísimos. Me siento muy bendecido por tener 91 años y seguir aquí, pudiendo tocar», expresa, sabiéndose uno de los últimos sobrevivientes de una época dorada del jazz.
Una era, por supuesto, no desprovista de retos y tentaciones, según admite con total apertura; «salía de fiesta, y solía salir mucho con mujeres porque en aquellos tiempos eso era lo habitual… A las mujeres les encantan los músicos, especialmente los de jazz y los de blues».
«Y estando en los clubes tocando, consumía un poco de cocaína, tal vez algo de marihuana o tomaba una copa, ya sabes; hacía todo eso. Pero en cuanto terminaba, cuando no estaba en el club, volvía directo al gimnasio. Me ponía a entrenar y a levantar pesas», asegura, y no en balde aquello de haber podido dedicarse al deporte.
«Si me hubieras visto, habrías pensado que era un culturista, porque tenía músculos por todas partes», enuncia divertido el músico de hoy frágil figura, confiado en que su bien lograda longevidad radica en esas horas que pasó en el gym o corriendo junto al Río Este. «Eso es, en realidad, lo que me mantuvo con vida, señor».
Eso y la propia música, aunque a algunos pueda parecer algo cursi o trillado.
Al ser distinguido como NEA Jazz Master en 2015, máximo reconocimiento al jazz estadounidense, Coleman se referiría al género como un «tesoro nacional». A nivel personal, el valor que le concede es mucho mayor: «Es una de las mejores cosas que Dios ha creado para mí».
Y lo es por lo que le ha valido arriba del escenario, pero también por la retribución que le ha dado en su faceta como docente, de la que se siente igual o incluso más orgulloso aún, teniendo entre sus discípulos a figuras como David Sanborn o Gideon Tazelaa, por mencionar un par.
«Me he dicho muchas veces que realmente me gustaría jubilarme, pero no puedo porque siempre hay alguien que necesita algo y acude a mí. He tenido alumnos de todos los rincones del planeta que han venido a recibir clases a mi apartamento en East 9th Street, en el East Village de Nueva York, y aprenden muchísimo.
«Así que he recibido muchísimas recompensas, señor. Estoy muy feliz y siempre digo lo mismo: la razón por la que sigo en este mundo es la música. Si no me dedicara a la música, a mi edad, probablemente ya no estaría aquí. Pero como sigo vinculado a ella y enseñando a la gente a interpretar esta música maravillosa, por eso sigo aquí», recalca.
La oportunidad de escuchar a Coleman, patrimonio vivo de la historia del jazz, será este lunes a las 20:00 horas en el recinto del Centro Cultural Universitario (CCU). Las entradas tienen un costo que va de los 300 a los mil pesos, y se pueden adquirir en www.boletoscultura.unam.mx.
