Cultura

PIEDRA Y LEYENDA: LAS RAÍCES DE UNA HISTORIA

Monterrey, NL. 11 septiembre 2026.- Cicatrices de inundaciones, incendios y reconstrucciones constantes marcaron los orígenes del edificio que hoy alberga el Museo Metropolitano de Monterrey, un inmueble con más de cuatro siglos de historia que comenzó como las primitivas Casas Reales designadas por Diego de Montemayor en 1596. Tras los estragos provocados por las crecientes de agua en el siglo XVII, el gobernador Martín de Zavala ordenó levantar de nuevo el recinto en 1653, dotándolo de espacios administrativos y una zona de reclusión que con el tiempo atestiguaría episodios novohispanos y decimonónicos fundamentales para la región.

El devenir arquitectónico del sitio se entrelazó con la vida cotidiana y los conflictos armados de la ciudad. Hacia finales del siglo XVIII, los terrenos aledaños funcionaron como mercado, dando pie a una serie de portales que resistieron la invasión estadounidense y evolucionaron hacia la elegante arquería de piedra diseñada a mediados del siglo XIX por el arquitecto Papías Anguiano. Aquella transformación incluyó la colocación de bancas de cantera y el primer relieve oficial del escudo local en la fachada, un elemento que dotó de identidad cívica al corazón regiomontano.

Entre sus muros y celdas también se gestaron crónicas de leyenda, como la presencia del célebre bandolero Agapito Treviño, apodado «Caballo Blanco», quien purgó condena y protagonizó audaces fugas antes de ser fusilado en 1854. El inmueble funcionó como sede del gobierno local hasta 1976, albergando posteriormente diversas instituciones culturales y judiciales hasta consolidarse como el actual espacio museístico, un sitio que los habitantes de la capital neoleonesa continúan abrazando con afecto bajo su denominación tradicional de antiguo Palacio Municipal.

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