Cultura

LA DEVOCIÓN REGIA: ORIGEN Y LEYENDA

Monterrey, NL 3 septiembre 2026.-La tradición sitúa en 1592 la llegada de frailes franciscanos desde Saltillo para evangelizar la región. Muy cerca de los Ojos de Agua de Santa Lucía -en el cruce de las actuales calles 15 de Mayo y Juárez-, en un paraje conocido como Piedra Blanca, los misioneros colocaron una imagen mariana en el hueco de un frondoso árbol.

 Aunque popularmente se le llamó «del Roble», documentos y estudios históricos la vinculan también con un corpulento nogal que aún permanecía a inmediaciones del templo a mediados del siglo 19.

 La escultura, de 58 centímetros de alto, es una figura de vestir con la característica silueta triangular de la imaginería colonial. Elaborada con una pasta ligera de corazón de maíz y bulbos de flores, se le atribuye una probable manufactura tlaxcalteca.

 La antigua leyenda, registrada por escrito desde 1789, relata que una joven pastora halló la pequeña figura en el árbol. El párroco y los vecinos la trasladaron a la iglesia principal, pero la escultura desapareció misteriosamente al amanecer, reapareciendo en el hueco del tronco.

 El prodigio se repitió durante tres días consecutivos. Al encontrarla, notaron que el ruedo de su vestido tenía cadillos y sus pies estaban cubiertos de lodo, como si caminara de noche cruzando el arroyo de Santa Lucía para volver a su refugio.

 Ante la señal, le erigieron su primera capilla, pasaje ilustrado hoy en las puertas del santuario, en lo que hoy es el cruce de las calles antes mencionadas.

 Tras el colapso de un segundo intento de templo iniciado en 1785 por el obispo Fray José Rafael Verger, la Virgen permaneció en la Catedral hasta su traslado definitivo en 1856.

 El recinto actual se consagró en 1884, aunque a principios del siglo 20 su gran cúpula colapsó, la tradición piadosa considera un milagro que la imagen resultara ilesa.

 La apariencia neoclásica que hoy ostenta responde a la profunda remodelación realizada a inicios de la década de 1960 por el arquitecto Lisandro Peña. Con su imponente torre, la Basílica permanece como uno de los símbolos religiosos e históricos más arraigados de Monterrey.

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