LA BALLENA GRIS EMPRENDE SU VIAJE
Ciudad de México 31 agosto 2026.- De unos años a la fecha, especialistas en cetáceos han observado el preocupante deterioro de la ballena gris, con casos de mortalidad inusual y también una mala condición física.
«Es decir, ballenas grises flacas. Cuando digo flacas es que están en los huesos», alerta en entrevista telefónica la bióloga Lorena Viloria Gómora, académica de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) con más de 20 años dedicados al estudio de estos enormes mamíferos marinos.
Para entender más sobre la raíz de este problema, junto a su colega Sergio Martínez Aguilar, ambos parte del Laboratorio de Investigación de Mamíferos Marinos de la UABCS, emprendió una travesía hasta las heladas aguas del Ártico, a donde cada año las ballenas migran miles de kilómetros desde el Pacífico mexicano en busca de su alimento.
Los investigadores se aventuraron a bordo del Diablesse, un velero de aproximadamente 100 pies preparado para navegación en condiciones extremas, como tripulantes de la expedición que la iniciativa mexicana Sailing for Prosperity (S4P) actualmente realiza por el Paso del Noroeste, considerada una de las rutas marítimas más complejas del planeta.
«Casi todos los biólogos que nos dedicamos a ballenas queremos ir al Ártico y a la Antártica. Entonces, se cumplió un sueño de vida que tenía», dice con gratitud Viloria Gómora.
«Es un sueño conocer áreas tan remotas como el Ártico, así como sus paisajes, gente y costumbres. Monitorear el área de alimentación de la ballena gris, que es una especie con la que he trabajado por 17 años, y que actualmente enfrenta problemas en sus zonas de alimentación, me da otra perspectiva sobre su situación», comparte a REFORMA, por su parte, Martínez Aguilar.
Ambos recibieron la invitación por parte de S4P, proyecto lanzado el año pasado con el propósito de unir ciencia, navegación y comunidad para regenerar los ecosistemas marinos del Mar de Cortés y promover modelos de prosperidad local.
«Nosotros estamos documentando todo esto (la expedición) para lograr generar un contenido que concientice tanto en México como en el extranjero no solamente de lo que está pasando en el Ártico, sino precisamente ese vínculo con los mares mexicanos y con lo que se está haciendo en el Mar de Cortés», señala vía telefónica Cristóbal González-Aller, director y cofundador de S4P, además de entusiasta promotor de la navegación a vela.
Viloria Gómora y Martínez Aguilar participaron en esta travesía -encabezada por los mexicanos Felipe Fernández como líder de la expedición y Antonio Palazuelos como capitán del barco- del 22 de julio al 7 de agosto, lo cual fue un poco más de lo originalmente planeado debido a las inesperadas masas de hielo que les impidieron avanzar durante algunos días.
Aquello, que no es sino una alteración de patrones ambientales a causa del cambio climático, es parte de lo que estaría afectando a las ballenas.
«Además de que ha disminuido su alimento () una de las cosas que está pasando es que el hielo se está derritiendo tardíamente. Y entonces este hielo impide que las ballenas entren a sus zonas de alimentación», explica Viloria Gómora.
«Eso era algo que nosotros queríamos ver con nuestros propios ojos», prosigue la bióloga.»Logramos pasar porque la zona muy cercana a la costa estaba sin hielo; estábamos a 1 kilómetro de la costa con una profundidad de 8 metros donde no había ballenas; 8 metros es muy bajo para ellas. Todo lo demás estaba todavía con hielo».
En su constante observación de la superficie del mar para obtener registros fotográficos de este mamífero marino al cual están dedicados, los biólogos únicamente consiguieron registrar 8 ballenas grises en el Ártico. Sin embargo, se llevaron una emocionante sorpresa al descubrir que una de ellas ya había sido vista en el País.
«Había sido fotografiada durante el 2024 en sus zonas de reproducción, más específicamente en la Laguna San Ignacio, BCS. Lo que nos habla de la conexión entre el Mar de Chukchi (sector del Océano Glacial Ártico localizado entre la punta nordeste de Asia y el punto noroeste de América del Norte) y las costas mexicanas», resalta Martínez Aguilar.
«Nosotros tenemos el catálogo con alrededor de 8 mil ballenas grises identificadas a través de su fotografía aquí en México; entonces, nosotros allá (en el Ártico) fotografiamos 8 ballenas grises, y de esas 8 una hizo match con nuestras 8 mil. Eso fue increíble», abunda Viloria Gómora, refiriendo que tal ejemplar lucía en buena condición; es decir, «no se le veían los huesos», lo cual resulta esperanzador.
Martínez Aguilar cuenta que otro hallazgo interesante fue haber fotografiado a 3 ballenas jorobadas, y sería de los pocos registros de esta especie en el Ártico que existen en la plataforma de ciencia ciudadana Happywhale, la cual cuenta con el mayor número de fotografías de ballenas jorobadas.
«Sin embargo, al ingresar las imágenes de estos tres ejemplares no se encontró un registro previo que indique sus destinos migratorios, es decir que no sabemos aún a donde vayan a reproducirse esas tres ballenas», comenta el biólogo.
Ahora, además del correspondiente informe científico detallando el trabajo realizado y lo observado, los biólogos alistan también un relato más orientado a la divulgación sobre su periplo por una región en la que durante el verano no anochece y donde hubo que sortear fragmentos enormes de hielo con una visibilidad reducida.
«En estos viajes no sólo se aprende del clima, de navegar y de las ballenas; uno, sin duda, aprende de uno mismo () Uno aprende también a controlarse en esos momentos que pueden ser riesgosos. Entonces, yo me quedo con muchos aprendizajes», dice Viloria Gómora, ya en tierra firme, pero aún con la emoción de haber cumplido un sueño profesional.
‘Aquí el hielo marca el ritmo’
«Sin duda, aquí el hielo marca el ritmo», enuncia González-Aller, enlazado vía telefónica mientras la expedición que partió el 22 de julio desde Nome, Alaska, atravesaba el Estrecho de Simpson, parte de la ruta geográfica del Paso del Noroeste.
El director de S4P reconoce que usar otro tipo de embarcación expedicionaria resultaría más apropiado para la navegación por tales aguas, pero el uso del Diablesse responde a una cuestión de patrimonio náutico y velerismo que les interesa fomentar.
De modo que no hay más que conducirse con prudencia y pericia; «esto no es una carrera, es un tema de llegar», subraya.
«Traíamos pértigas para poder mover el hielo, pero aún así, pues son masas que a veces son enormes, imposibles de mover; tienes que tener mucha destreza (…) Aquí nos estamos jugando la vida; aquí no te puedes andar con bromas», añade el profesional de origen español con la seriedad propia de quien lleva el fervor por la navegación en la sangre.
«Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo, mi tatarabuelo… Todos eran marinos».
Pese al retraso de algunos días dadas esas condiciones extremas, la proyección sigue siendo arribar al puerto de Nuuk, en Groenlandia, hacia mediados de septiembre; «nuestro ritmo es bueno, la idea es navegar lo más posible, avanzar millas, y en los lugares emblemáticos hacer una parada, en los lugares donde hay comunidades interesantes ir a visitarlas», señala González-Aller.
«También estamos ahora en una zona donde esperamos ver mucha vida salvaje: belugas, narvales, osos polares», prosigue el director de S4P, con especial énfasis en la importancia de la armonía entre los miembros de la tripulación para que el recorrido se logre de la mejor manera.
«Hay que tener orden, hay que tener disciplina, hay que tener respeto por los demás. Y, bueno, hay una labor ahí importante de también intentar minimizar los roces, de maximizar la convivencia, de ver el lado positivo; tienes que intentar tener siempre un poco de sentido del humor () Yo, por si acaso, me traje un cuatro y les toco la guitarra. A ver si no me tiran por la borda», relata, con humor.
Tras esta primera gran travesía de S4P, organización que en gran medida opera a partir de donativos, el objetivo sería repetir la experiencia con al menos una expedición de alcance mundial al año; «tenemos varias opciones en la mesa», asegura González-Aller, por ahora enfocado en concluir la primera travesía mexicana por las mismas aguas que surcara en 1905 el explorador noruego Roald Amundsen a bordo del Gjøa.
