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LA TIENDA DE LAS MARAVILLAS DEL CENTRO: ASÍ ES

Ciudad de México 8 agosto 2026.- La planta baja del edificio en Calle Jesús María 11, en el Centro Histórico, albergaba una tlapalería.

En 1992, el escritor Gabriel García Márquez, en una visita, ingresó, miró al techo y la nombró «La Tienda de las Maravillas».

Treinta y cuatro años después, José Herrera -actual dueño del establecimiento- sostiene el recuerdo que él y su tía pidieron al autor de obras como «Cien Años de Soledad».

Se trata de una hoja de papel, que a un lado tiene el dibujo de una flor y una frase en la que se lee: «una flor de recuerdo para Socorro Herrera en su tienda de maravillas. Gabriel, 92».

De acuerdo con Herrera, lo que conquistó a «Gabo» fueron una serie de adornos de papel picado y plegado colocados, para su venta, sobre el techo y en los costados del negocio familiar.

A partir de entonces, la Tlapalería y Ferretería La Zamorana -activa desde 1860- se transformó en «La Zamorana, Tienda de Maravillas».

«Este negocio está especializado en lo que es el arte en papel picado y papel plegadizo. Trabajamos todas las temporadas».

«Lo que es primavera, (San) Valentín, septiembre, (Día de) Muertos, Navidad», detalló Herrera, detrás del estrecho, pero largo mostrador forrado de ejemplares decorativos.

Entre el choque de luz que entra por los dos grandes y antiguos portones, y los colores de las maravillas que forran el espacio en su totalidad, el pequeño local ilumina los cuerpos de sus clientes como un caleidoscopio.

«(Nuestro producto) es nacional. Se pone una plancha de plomo y sobre la plancha se pone el dibujo y ya se empieza a picar con diferentes herramientas, como son gurbias, cinceles, sacabocados, navaja, todo eso», explicó Herrera.

El paso de los años ha sido complejo para el negocio. La muerte de artesanos que daban forma a los diseños hace al menos 15 años marcó una transición significativa.

Un ejemplo de esto es la desaparición del taller plástico que operaba en el segundo piso del inmueble.

«Fueron los pioneros en esta práctica y tuvieron reconocimientos internacionales por su trabajo.

«Una vez nos pusimos un reto, le dije a un persona del taller: ¿Qué te parece si hacemos un tulipán del piso al techo? Y se hizo como de dos metros y medio», relató el dueño del local.

De casi la misma altura que el local, el adorno consiste en un colorido redondel de papel plegado, sostenido por una estructura metálica; se trata de una de las piezas más antiguas que conserva Herrera.

Pese a la proliferación de comercios de papelería en Calle Mesones y la llegada de productos de origen chino, el locatario aseguró que la reputación y fidelidad de su clientela le han permitido sostener el negocio.

«No nos ha afectado. Hay muchos adornos chinos que son muy bonitos, pero no se comparan con la calidad que nosotros tenemos por acá.

«Ellos antes trabajaban mucho en papel picado, ahora ya no. Se dedican mucho a hacer dragones, serpientes, faroles chinos. Ya no tengo competencia con ellos, la gente busca también que el producto sea nacional», resaltó.

Aunque su taller principal ahora se encuentra en Puebla, Herrera afirmó que la distancia no ha limitado su capacidad de innovar ni de atender pedidos personalizados.

«‘Quiero este trabajo, ¿me lo pueden hacer?’. Nunca decimos que no. Siempre se hace el trabajo», apuntó.

Con el rostro rodeado de farolas y cortinas de papel plegado, Herrera explicó que mantener el despliegue de adornos característico de su negocio busca captar la atención de su clientela.

«No es lo mismo ver el catálogo que estar aquí. Muchas personas, por ejemplo, ni se imaginan que vendemos vestidos (de papel picado)», explicó.

De la mano de uno de sus hijos en el área financiera, Herrera adelantó que su propósito es que el negocio trascienda por generaciones.

«Mi idea es que siga otra generación, porque esto es muy bonito. Que no se pierdan las tradiciones, porque yo he notado que ya cuando han fallecido fabricantes.

«Ya no hay quien haga los artículos y nosotros tratamos de estar siempre innovando. Hay que seguir adelante porque es bonito que México conserve sus tradiciones», pidió Herrera, sosteniendo junto con su hijo una de sus nuevas esculturas decorativas de cara a la temporada de Día de Muertos.

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