TEORÍA DE LA DEPENDENCIA SOCIAL
KAIRÓS
Francisco Montfort Guillén
Nuestra atribulada vida cotidiana asfixia los momentos de calma para pensar nuestro presente y buscar soluciones a los graves problemas nacionales. El gobierno busca, casi diariamente, conflictos contra la sociedad y sus ciudadanos con el fin de someter a su voluntad única el quehacer nacional. Y desde 2018 va ganando todos los pleitos que el mismo gobierno ha provocado. Destruyó la construcción de un auténtico aeropuerto internacional y enseguida creó el problema, a gran escala, del huachicol que ahora representa el mayor robo a las arcas nacionales en toda la historia nacional. Creó una simbiosis entre el crimen organizado y las estructuras políticas y gubernamentales que determina toda la evolución del sistema político y la pérdida de soberanía del Estado. La educación la regresó al dominio de los sindicatos y a una burocracia inepta e ideologizada. Destruyó el sistema de salud del país. En todos estos casos, la sociedad quedó fuera de la toma de decisiones y perdió mecanismos para orientar el rumbo de las infraestructuras del transporte, el futuro de la salud y la educación y el uso adecuado de las riquezas petroleras.
Desde luego que faltan enumerar otras pérdidas de influencia de la sociedad civil sobre su propio progreso, pero con estos ejemplos basta para afirmar, sin lugar a duda, que el Estado despótico ha cumplido su regla de oro: negar la participación de la sociedad en la toma de decisiones trascendentales para su propio beneficio, fortaleciendo, en cambio, el poder centralizado en el sistema político. El resultado es fatídico para encontrar una vía factible hacia el desarrollo. La sociedad ha sido devuelta a la <<jaula de la melancolía>>, como nombró Roger Bartra a la forma de ser del mexicano en su libro El Oficio Mexicano. Nuevamente será el despotismo del poder el que modelará la manera de ser de los mexicanos, aunque en una era de apertura mundial creada por la internacionalización de la sociedad del conocimiento, sostenida la información/comunicación en el sistema de redes sociales.
En este nuevo sistema planetario se requiere de nuevas <<agencias>> es decir capacidades novedosas y diferentes de los actores sociales para influir de manera autónoma en la dirección y condiciones de su propio futuro, mediante asociaciones múltiples, con actores inesperados para crear nuevos productos, nuevas demandas, generando nuevos conocimientos, nuevas formas de organización con todas las libertades y con capacidades de críticas permanentes para impulsar cambios en todas las esferas de la vida social y sin ninguna intervención del gobierno. Lo que tenemos en cambio son iniciativas gubernamentales para impedir las libertades de pensamiento y crítica, promoción de verdades oficiales únicas y verdaderas.
En otros términos: las pocas bases materiales, políticas e ideológicas para que emergiera y se consolidara una auténtica, fuerte y extensa sociedad civil generadas durante la etapa llamada “Transición Democrática” fueron destruidas y están siendo reemplazadas por la jaula de costumbres del obedecimiento y sometimiento característico del leviatán despótico, que ahora tiene como sombra adicional de sometimiento el crimen organizado, la ausencia de un auténtico Poder Judicial autónomo y un gobierno iletrado, desobediente, ineficiente, soberbio.
En los años sesenta/setenta surgió la llamada Teoría de la Dependencia sobre bases estructuralistas gracias a teóricos de la CEPAL y después se unieron teóricos marxistas. Simplificando sus postulados, solía explicar el subdesarrollo de América Latina y de México en particular por las relaciones de dependencia que sostenían los intercambios de todo orden con los Estados Unidos. Trasladaba a un enemigo externo la pobreza y las condiciones de subdesarrollo de las naciones por el intercambio desigual. Tuvo mucho éxito esta teoría en escuelas y universidades, pero apenas fue una moda que se derrumbó ante la complejidad de la cuestión del desarrollo. En México existió un esfuerzo adicional con la teoría del colonialismo interno para explicar el atraso mayor de ciertos estados o regiones de la república.
Tal vez un esfuerzo similar de pensamiento colectivo para desentrañar la dependencia de la sociedad mexicana respecto del Estado y el comportamiento individualista de los mexicanos daría mejores frutos que la anterior Teoría de la Dependencia. En este caso sí habría explicaciones para pensar no sólo en sustituir a Morena del poder, sino en reflexionar en la construcción de un Estado democrático que deje de lado los quinientos años de dominio del Leviatán despótico en México, considerando aún los años del Leviatán ausente, desde la Independencia hasta el segundo gobierno de Porfirio Díaz. Creo que el debate de las ideas que propone el maestro Inocencio Yáñez Vicencio puede ser de utilidad ahora que asoman nuevos partidos en la escena política y el país corre el riesgo de hundirse en el más oscuro de los despotismos iletrados.
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