¿EN MANOS DE QUIÉN ESTAMOS? UNA CRÓNICA NECESARIA
Agencia Reforma
Coatzacoalcos, Veracruz 5 junio 2026.- Todo se enreda, se confunde, la niebla sobre los ríos, el campo verde, el dolor y el crimen.
Toda la noche estuvo lloviendo y el avión no puede aterrizar, primero porque un venado se atravesó por la pista. Después, por la neblina. Dos intentos, y por fin aterriza en el aeropuerto de Minatitlán, a esa hora en que en la Tercera Zona Naval comienza la conferencia mañanera.
La Presidenta Claudia Sheinbaum comienza la sesión de preguntas desmintiendo que en Palacio Nacional hubiera un guardia armado el jueves. Era un trabajador de comunicación, dice, el que se acercó cuando ella ayudaba a levantarse a una reportera que se había caído por ir a recoger un balón que les había aventado. «Se acerca, pero ni viene armado, ni nada, es importante aclararlo».
Afuera de la Zona Naval quedan los charcos del diluvio nocturno. Pensionados de Pemex esperan a que salga Sheinbaum para pedirle que recapacite en el recorte a las pensiones de un millón de pesos, pero que les afectó a ellos que ganaban mucho menos. La familia de la reportera Roxana Berenice Guzmán Ramírez, secuestrada el martes a las seis de la mañana, por hombres armados y encapuchados que la sacaron de su casa, en Nanchital, a 25 minutos de ahí.
La directora del portal Pulso Informativo estaba a punto de salir a correr y traía el celular en la mano. Los hombres rompieron a golpes de mazo la puerta de fierro. El hermano de Roxana y su hija, Renata Valentina, menor de edad, suplicaban. Hay un bebé, decían. La reportera transmitió su propio secuestro, hasta que le quitaron el celular.
«Yo estaba en la cocina cuando vi que entraron los hombres esos por el patio, les grité ¡la Policía!», narra Rubicelia Ramírez, mamá de Roxana.
«La tiraron al piso, la esposaron, la arrastraron, la jalaron de los cabellos. A mi nieta le apuntaron con armas largas».
Con el pecho temblándole del miedo, cuenta que a ella le dijeron al oído que se tirara y que les dijo que no podía porque una semana antes la operaron de cálculos del riñón. Que su papá les preguntó «¿A dónde la llevan?» «¡A la comandancia!», les contestaron. Rubicelia se pone a llorar.
Julio César González, socio de Roxana, dice que no supo si creer o no que se trataba de la Policía. «Lo que se ve en el video, por la forma en que entraron, pues pareciera un grupo táctico, ¿no? Yo pienso que si fuera un grupo del crimen organizado, pues entrarían con más violencia».
¿Que si hubo amenazas? Dicen que no. Ni una. «Todo lo que está publicado en la página ustedes lo pueden ver, no hay una nota que tire contra alguien específicamente», asegura él.
«Antes aquí no había habido violencia, nada más lo normal, que te asaltan, pero de que te lleven y que levanten a la gente así como se llevaron a mi hija, no», agrega ella.
No lo dicen, quizás para no afectar las investigaciones, pero en 2012, el esposo de Roxana, Carlos Fernández Escalante, fue detenido en posesión de armas de uso exclusivo del Ejército.
En 2015 fue atacado a balazos. Se regeneró y ayudaba a Roxana con la venta de comida y bisutería. En 2017 lo asesinaron a balazos, según reportes de los medios locales. Roxana tenía trabajo como periodista en el Diario del Istmo, pero abandonó Veracruz. Luego volvió.
Adentro, en la conferencia de Sheinbaum, la Fiscal de Veracruz. Lisbeth Aurelia Jiménez, responde con ese tono burocrático de mil muertos que el único avance es la identificación del auto en el que se la llevaron: «Más allá de cualquier profesión, no debemos perder de vista que en un país, y en un estado encabezado por mujeres, pues es prioritaria la localización de una mujer».
Desde 2000, en México han sido asesinados 176 periodistas, 31 en Veracruz. Treinta y dos siguen desaparecidos.
«Hay mucho trabajo para garantizar la protección de las y los periodistas. Está trabajando muy bien la Gobernadora», dice Sheinbaum sobre la morenista Rocío Nahle que ha volcado espectaculares de bienvenida con su foto, el de la Presidenta y el eslogan de moda: «La Patria se ama y se defiende».
Rubicelia escucha que ya acabó la mañanera y comienza a pararse de puntitas. «Estas cosas no deben pasar, ¿en manos de quién estamos?», dice. Mira al fondo si viene cualquier camioneta. Ya sale, ya no sale. Ya aterrizó, ya se fue un helicóptero, le dicen. Que quizás ya salió por el aire.
«Que se pongan la mano en el corazón y que me devuelvan viva a mi hija», les pide a los responsables.
Por fin sale la camioneta de la Presidenta, entre un caos de empujones. Rubicelia ya está llorando aferrada a la ventanilla de la Presidenta. «Por favor permita que mi mamá regrese», le grita la hija de Roxana a Sheinbaum.
«Que no me desespere, que va aparecer», cuenta Rubicelia llorando de nuevo, abrazada al pecho de su esposo.
Sheinbaum va al deportivo de Minatitlán. Dos mil, quizás más, pobladores esperan el reparto de becas de primaria. Militares con armas largas van y vienen en camionetas.¿Saben lo que es la soberanía? La soberanía es defender a México, y que el pueblo de México decida en México», les dice a los niños de primaria.
